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  • Sandra Bravo Ivorra 9:00 el 17/05/2012 Enlace permanente | Responder
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    La falta de formación supone la muerte de las empresas 

     

    Tiempo estimado de lectura: 3 minutos.

    Soy zurda. Como muchísimo hijo de vecino. Pero de pequeña llegué a pensar que era un bicho raro, ya que mi abuela no paraba de repetirme que lo normal era usar la mano derecha y que empezara a corregirme… Además, cuando me veía hacer cualquier cosa que no le convencía, me soltaba aquella frase de “eso no se hace así (entiéndase el modo en que yo decidía abordar una tarea concreta), se hace asá (entiéndase la forma en que lo hacía mi abuela). Por suerte, aunque siempre fui una niña muy buena y obediente, hice caso omiso de muchas de sus demandas y continúe escribiendo, comiendo y viviendo con la mano izquierda, al tiempo que innovaba en procedimientos que siempre había visto hacer de la misma aburrida y metódica manera.

    En pocos años, las nuevas tecnologías e Internet han supuesto una auténtica revolución en la forma de relacionarnos y comunicarnos socialmente. Esto afecta también –y en gran medida- al mundo laboral. Las empresas ya no se dirigen a clientes anónimos y masificados que compran cualquier cosa, sino que deben seducir a un público cada vez más segmentado que sabe –y demanda- lo que quiere y que, además, por vez primera, tiene voz y opina. Así pues, el usuario final conoce la valoración que otras personas han hecho de un producto o servicio en concreto y reclama un trato personalizado y de calidad.

    Sin embargo, ante este cambio de paradigma, que hace tiempo que ha dejado de ser novedad, muchísimas empresas continúan viviendo en el pasado –ni siquiera en el presente- y conservan valores empresariales que subestiman la importancia de la formación y la creatividad. Imagino que los grandes empresarios de nuestro país continúan aplicando al pie de la letra los consejos de sus abuelas. Y aunque son valiosísimos e imprescindibles donde los haya, pertenecen a una época que no es la que nos toca vivir y, como todo, caducan.

    Renovarse o morir. La falta de formación supone la muerte de las empresas.

    Como escuché decir a Doménec Biosca, presidente de Educatur, en una conferencia reciente, “no podemos seguir hablando de recursos humanos, sino de personas con recursos”. Los productos y servicios, a fin de cuentas, son muy homogéneos. Lo que marca la diferencia son las personas, que han de ser capaces de emocionar al cliente, de hacerle sentir una experiencia única y un trato personalizado. Pero eso solo lo conseguirán las empresas que hayan gestionado previamente sus emociones internas, es decir, que hayan analizado y potenciado las habilidades de sus trabajadores, que promuevan vías de comunicación eficaz y que se esfuercen por alcanzar ilusiones concretas y no solo cifras de negocio. Hoy en día, en un ambiente especialmente hostil, solo sobreviven aquellos que lo desean –querer es poder-, esto es, los que mejor y más rápidamente se adaptan a los cambios, no los más fuertes.

    Sandra Bravo es socia fundadora de BraveSpinDoctors, consultoría de comunicación estratégica y marketing político.

     

     
  • Sandra Bravo Ivorra 9:10 el 11/04/2012 Enlace permanente | Responder
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    ¿Quiere ser un buen líder? ¡Escuche, observe y dialogue! 

    Tiempo estimado de lectura: 4 minutos

    Jefe. (Del fr. chef).

    • Según la RAE: superior o cabeza de una corporación, partido u oficio.
    • Según la sabiduría popular: la fuente de todos mis males; aquella persona a quien puedo acusar de todas mis frustraciones y problemas laborales, ya que jamás logra entenderme y se empeña en hacerme la vida imposible…

    ¿Exagerado? ¿Quién no tiene acaso algún amigo que eche fuego por la boca cada vez que habla de su jefe? Ahora bien, ¿justificado? Seguramente no, no en todos los casos y, en la mayoría de ellos, seguro que ninguna de las partes lleva toda la razón, aunque el trabajador se sienta el epicentro de todos los marrones y el directivo tenga la permanente sensación de que sus subalternos le ignoran. ¿De qué se trata entonces? Evidentemente, de un problema de comunicación.

    Me permito recordar que jefatura no significa liderazgo y que cuando alguien adopta un cargo directivo debe reforzar más que nunca sus dotes comunicativas.

    No existe liderazgo sin comunicación.

    Si no somos capaces de escuchar y comprender las necesidades de nuestros trabajadores, ¿cómo esperar que nos vean como una figura a seguir? Si no conocemos a nuestro equipo, ¿cómo podremos garantizar un reparto eficiente de tareas en función de sus inquietudes y habilidades? Un buen líder escucha activamente y aprende observando, dialoga, empatiza con sus trabajadores y se esfuerza en premiar su desempeño y potenciar sus aptitudes. Actuando de esta manera, posee tal cantidad de información sobre su equipo y tan valiosa que gestionarlo y dar instrucciones se convierte en una tarea mucho más fácil y natural de lo que parece. Un equipo motivado se mueve prácticamente por sí solo, y un buen líder mantendrá esa motivación y la alimentará constantemente, dando indicaciones claras y guiando al grupo para mejorar su desempeño.

    ¡Querer es poder! Es un lema harto repetido, pero no por ello menos cierto. Un directivo con dotes de liderazgo estará muy atento a estos dos factores entre sus trabajadores: la voluntad y la capacidad. Si un trabajador quiere hacer algo, pero no sabe cómo, la empresa debe capacitarlo mediante la formación adecuada. Si un trabajador quiere y puede, el buen líder debe reforzarlo, agradecerle su esfuerzo, cuidarlo y plantearle nuevos retos para que se sienta valorado y tenga nuevas metas por las que luchar. Finalmente, si un trabajador puede, pero no quiere, será necesario motivarle y, si aun así persiste en su actitud, un líder coherente le invitará a abandonar el equipo para que no desmotive ni intoxique al resto de compañeros.

    Una buena comunicación interna, directa y sincera, facilita el libre flujo de información, conocimiento y emociones. Los trabajadores se sienten personas valoradas y parte integrante de un proyecto al que están orgullosas de ofrecer lo mejor de sí mismas. Si además la persona que las dirige lo hace de manera inteligente y promoviendo el diálogo entre las partes y un trato de tú a tú, dejará de ser visto como un mandamás y gozará de la confianza de un equipo que cree en él y valora y sigue sus instrucciones.

    ¡No hay liderazgo sin comunicación! ¡Hagan la prueba y verán!

     

     
  • Sandra Bravo Ivorra 9:27 el 05/03/2012 Enlace permanente | Responder
    Etiquetas: , formación continua, , , sentimiento de pertenencia, ventaja competitiva   

    Una empresa en aprendizaje permanente es una empresa en constante crecimiento 

    Tiempo estimado de lectura: 5 minutos

    Online trainingVivimos en un momento en el que las herramientas tecnológicas cada vez cobran mayor protagonismo. Las tabletas, los móviles inteligentes, ordenadores cada vez más potentes y otro tipo de sorprendentes dispositivos no dejan de aparecer continuamente en el mercado.

    A través de ellos, de Internet y de las aplicaciones correspondientes conseguimos gestionar una cantidad ingente de información y establecer auténticas redes sociales y de conocimiento.

    Las empresas cada vez apuestan más por ello. Pese a la crisis, se invierten grandes sumas de dinero para obtener la mejor y más moderna tecnología. También se procura una distribución del trabajo cada vez más eficiente y una optimización de recursos. Pero en numerosas ocasiones se olvida el motor de todo este entramado: el capital humano.

    Invertir en tecnología es necesario, pero no podemos obviar la rapidez con que queda obsoleta. La organización del trabajo y un uso eficiente de nuestros recursos son un punto clave, pero cualquiera puede hacerlo.

    Tener a los mejores profesionales, mantenerlos motivados y mejorar su formación de forma constante para que den lo mejor de sí es un valor único. Es la auténtica ventaja competitiva con la que una empresa puede pisar fuerte y dejar indefensos a sus competidores.

    Una organización o empresa no debe cerrarse nunca a nuevos conocimientos, sino todo contrario: debería mantenerse en continuo aprendizaje, lo que significa valorar a cada uno de sus trabajadores, favorecer su desarrollo intelectual y creativo y construir un entorno en el que puedan aprender y revertir sus nuevos conocimientos al conjunto de la organización.

    En este sentido, una apuesta inteligente en tecnología y otros recursos materiales como la que comentaba anteriormente estará encaminada también a fortalecer estos aspectos. Eligiendo herramientas que faciliten el intercambio de experiencias y puntos de vista, la formación a distancia y el contacto y flujo de conocimiento entre los trabajadores, como pueden ser redes sociales corporativas o aplicaciones que potencien la generación colectiva de ideas y productos.

    En un hábitat laboral así se establece intrínsecamente un fuerte sentimiento de pertenencia: el trabajador se siente a gusto con su trabajo, ya que le valoran y le ofrecen los recursos necesarios para desarrollar al máximo su potencial.

    Apostar por una formación continuada y multidisciplinar –limitarla estrictamente al punto fuerte de nuestra empresa sería un error- significa constituir un grupo de personas capaces, seguras de sí mismas y que confían en sus habilidades.

    Esta fuerza del capital humano no la superará jamás ningún avance tecnológico y es algo que la competencia no podrá copiar así como así, ya que requiere tiempo, esfuerzo y una política de empresa que realmente crea en la formación.

    Por si alguien todavía considera que se trata de una inversión demasiado cara en la que no se obtienen resultados “concretos”, os dejo una fantástica que anécdota que Manuel Campo Vidal cita en su último libro. En un coloquio en la Escuela de Negocios de Badajoz un empresario argumentó, ante este tipo de lamentos: Contra el drama de que formes a tus empleados y se te vayan, está la tragedia de que no los formes y se queden”.

    Sandra Bravo es socia fundadora de BraveSpinDoctors, consultoría de comunicación estratégica y márqueting político.

     

     
  • Sandra Bravo Ivorra 10:05 el 20/01/2012 Enlace permanente | Responder  

    La comunicación interna como diferencial competitivo 

    Tiempo estimado de lectura: 4 minutos

    Nota del Editor: En #ZyncroBlog hemos invitado a Sandra Bravo a compartir con nosotros algunos buenos consejos sobre comunicación interna. Sandra es socia fundadora de BraveSpinDoctors, consultoría de comunicación estratégica y márqueting político. Las palabras son su herramienta de trabajo y como sacar el mejor partido de ellas, su día a día. ¡¡Así que aquí os dejamos su reflexión que da algunas pistas también sobre una buena gestión de tu red social corporativa y gracias Sandra por compartirla!!

    En momentos de crisis solo las organizaciones inteligentes conseguirán seguir adelante. Evidentemente, una organización o empresa, por si sola, no tiene la capacidad de ser ni muy tonta ni muy lista, sino que todo depende de las personas que la gestionen. Y gestionar de manera inteligente supone, entre otras cosas, comunicar de forma lógica, coherente, positiva y con sentido común.

    Una buena comunicación interna reporta ventajas competitivas. Internet ha acabado con las fronteras informativas y cada vez son más las empresas que se preocupan por la gestión externa de su comunicación 2.0, pero muchas olvidan todavía que cada trabajador puede ser líder de opinión en esas mismas redes.

    La comunicación interna condiciona ahora más que nunca la comunicación externa. Nuestra imagen pública no consiste únicamente en lo que los medios digan de nosotros, en nuestra opinión oficial en la red o en la publicidad tradicional, sino que cada vez más depende de la imagen y opiniones que diariamente transmiten de nosotros los miembros de nuestra organización.

    La creación de imagen es creación de poder. Reducir la comunicación a su faceta externa es un gran error. Por ello debemos utilizar todas las herramientas disponibles -como las redes sociales corporativas- para romper la burocracia vertical y fomentar el diálogo horizontal, en el que todo el mundo tenga derecho a ser escuchado y dar su opinión. No desperdiciemos ninguna idea.

    ¡Potenciemos las dotes comunicativas de nuestros portavoces!

    Es decir, de aquellos que dan la cara por nuestra organización, pero también de aquellos “que ponen la oreja”. Es fundamental que un alto ejecutivo sea persuasivo y sepa transmitir el mensaje de nuestra organización, pero la persona que atiende un teléfono también comunica y lo hace su desgana, su hastío o su simpatía, su educación y su eficiencia.

    Mimar a los trabajadores o miembros de nuestra organización –a todos independientemente de su cargo- hará que se sientan valorados, motivados y de buen humor. Si además nos mentalizamos de una vez de que es inútil obstruir la comunicación, creyendo que somos la única fuente capaz de transmitir nuestro mensaje, consolidaremos una imagen positiva y de calidad, de forma económica y viral, empezando por el trabajador que llega a casa con una sonrisa o el que comparte en una red social una buena iniciativa de nuestra empresa.

    Una gestión eficiente de la comunicación -transparente y en red- nos dará un potencial competitivo especialmente valioso en épocas de crisis como la actual.

    ¡Aprovechémoslo!

     

     
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